Entrada precipitada

Región Arica y Parinacota, Chile

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Arriba al paso, en la frontera boliviana-chilena, tomo una foto, rápido. Una lluvia fría cayó durante gran parte de la subida, y otra tormenta me amenaza más allá. Debo bajar diez kilómetros mas o menos antes de llegar a la aduana, la mitad de la distancia rebasando una línea de camiones bolivianos esperando de pasar los controles aduaneros chilenos estrictos (cerca de 12 horas, por lo que aprendí después).

Edificios modernos, con señalización que me dice dónde debo ir, me sellan el pasaporte. Cuando digo al aduanero que tomo el pequeño camino de tierra que sigue la frontera con Bolivia y que comienza en la frontera, me merezco una mirada híbrida de “Se hace realmente en bici? / No puede tomar la carretera asfaltada hasta la costa para hacer simple? / Loco maldito en bicicleta! / Sin embargo, parece ser divertido lo que hace.” Su colega sentado detrás de un escritorio me da la mirada y me dijo que dos Eslovacos (a quien había conocido en la casa de ciclista en La Paz) llegaron mas temprano en la tarde. Preguntaron si yo ya había pasado (se fueron de La Paz un día más tarde, pero tomaron un autobús para omitir un segmento, por lo que me pasaron) y si estoy llegando hoy, de decirme que ellos van a completar el día a las aguas termales. Aguas termales? Mi mente se despierta pensando en la felicidad de completar este día frío en un baño caliente con olor a azufre. Los aduaneros me explicaron que es en el camino que tomo, “no muy lejos”… “una media hora en bici”… “pues, tal vez una hora.” El sol casi se ha puesto, pero sin tenerlo en cuenta, me voy.

Pero no puedo irme así, antes de poner todo mi equipaje en una cinta transportadora para detectar alimentos frescos (frutas, verduras, carne). Chile fue capaz de protegerse de enfermedades agrícolas que afectan al resto de América del Sur, ayudado por los Andes. El tema es muy serio en la frontera y ya estaba preparado psicológicamente para pasar los próximos días solo con mis reservas de pasta, arroz, atún y salsa de tomate, porque el camino en que voy a estar no es muy poblada y sin muchas tiendas.

Trucks line

Mis primeras pedaladas en este pequeño camino de tierra me inician al peor. La lluvia convirtió la ruta en una mezcla de arena y rocas pequeñas. Me pegué en este mugre. Dejó de llover… pero esta nevando. El sol cae rápidamente. Voy a disfrutar de la gracia de media hora antes de la obscuridad, y en el peor, voy a utilizar mi faro frontal para terminar. Es mejor llegar tarde y acampar cerca de una fuente de calor que acampar en medio de… de no mucho con arbustos, viento y frío.

Oí un crujido. Un rayo quebrado. Voy a reparar luego. Al diablo la fatiga. Ignoro los 100 kilómetros que tengo ya en el cuerpo hoy. Debo estar cerca, me lo dijeron. Un edificio por allí. Voy a mirar más cerca, pero es sólo una vieja granja abandonada. Tengo que empujar mi bicicleta muchas veces, porque no quiero hacer demasiado daño a mi rueda con mi radio roto. Me acerco, no debe estar muy lejos. Incluso, me puse a oler a azufre.

A pesar de casi un año y medio en bicicleta, sigo equivocándome. No puedo controlar el éxtasis cuando la gente dice “está cerca”, aunque sé, sé muy bien que “allí no más, cerquita” por lo general significa “no estoy seguro , pero no quiero desanimarte”. Además, va subiendo. Me resigno a instalar mi carpa al lado de la carretera, y reparar mi rayo a la luz del día.

Pero no era el rayo el problema, pero mi masa de mi rueda, donde los rayos se agarran, por segunda vez, como en el sur de México. No tengo más remedio que volver al puesto fronterizo y encontrarme un transporte a Arica en la costa, encontrar un repuesto y rehacer la rueda. Un día que acabó caro. Al día siguiente, tomé un autobús de vuelta a la frontera, pero pensado antes durante mucho tiempo a la opción de continuar en la costa. Pero la idea de largas lineas rectas en un clima árido (y caliente) no me convenció. Por lo menos, con este contratiempo, tuve la oportunidad de obtener una reserva de comida un poco más variada, con aguacates, tomates , plátanos y pan para los tres primeros días. Mi bici y yo no estaban listos, debemos creer, y afortunadamente el problema surgió en los primeros kilómetros de la ruta. Un mensaje de mi bicicleta para decirme de no ir demasiado rápido, de no pedir demasiado.

Si si, mi bicicleta me manda mensajes. En otras ocasiones, cuando me detengo por un tiempo para descansar unos días, tengo derecho a una crisis de celos. “¿Me ignorabas todo este tiempo? ¡Aquí tienes carajo!” Una pinchada, un rayo quebrado, una cadena que se vuelve loca. Algo pequeño, sólo para recordarme que estoy dependiendo de mi estructura de acero.

Así que vuelvo a la carretera en la tarde, un poco más preparado, mis neumáticos invertidos (por mas tracción) y también más descansado. Si todo va bien, puedo llegar a Calama en diez días, pasando pequeños pueblos entre aquí y allá.

Thermas dentroY las aguas termales? Eran a 10 kilómetros del puesto fronterizo. Aunque durante mi segunda salida, el camino es mas seco y compacto, aún tardó una hora y media para llegar allí. Los Eslovacos se fueron, por supuesto, pero allí hago mi nido para el resto del día. Una cabina caliente, perfecto para pasar la noche, poner el colchón de camping y dormir sin un estremecimiento. Al día siguiente, sí, esta vez, voy a seguir la Ruta Andina con más serio.

Thermas fuera

 

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